EL AMOR, EL DESEO Y EL GOCE

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En esta ocasión, escribo sobre un fragmento muy interesante del libro «Dejarás a tu padre y a tu madre» de Philippe Julien, que habla de los tres elementos presentes en toda pareja amorosa. Escogí esta pequeña lectura porque nos regala una descripción muy completa sobre el fenómeno del amor en pareja desde el punto de vista psicoanalítico:

AMOR
Nuestra primera experiencia de amor es aquella que hemos recibido de nuestros padres, la construida con «dedicación, atención constante, olvido de sí, sacrificio…amar es construir un Todo del que el otro y uno mismo forman parte» (p.41)*. En el amor, lo importante no sólo es estar juntos sino convertirse en una unidad compuesta por un tú y un yo, ésta comunión se logra a través de asumir que somos la única persona que quiere, puede y sabe lo que es bueno para la otra persona, así se establece una comunicación donde se comparte todo, los bienes, las opiniones, las actividades, los planes, las palabras, lo hacemos convencidos de que somos interesantes y de que el otro nos escucha, y esperamos lo mismo del otro, sincronizando actividad y pasividad y esperando siempre que sean recíprocos con nosotros. En el intercambio de ésta reciprocidad es dónde se puede perder la relación, cuando asumimos que la otra persona no quiere, no puede o no sabe lo que es bueno para «mí», se presentan crisis cuando luchamos por no ser o no convertirnos en aquello que la otra persona dice que somos, por reafirmar nuestra «alteridad» y exaltar que somos una persona diferente, también ocurre cuando, al sentirnos las única persona que sabe, puede y quiere el bien del otro, nos recalca que en realidad no tenemos conocimiento de lo que considera su bien, así el amor se convierte en odio, al sentirnos rechazados junto con todo lo que creemos ofrecer.

DESEO
«El deseo es un don de lo que no se tiene y de lo que no se es: es confesión de la carencia, del vacío. Es lo que dice el flechazo en el encuentro casual»:Tú, sí, tú eres lo que me falta»» (p. 43)*. Deseamos que el otro nos desee, suponemos que la otra persona cubre nuestras faltas y a su vez queremos ser aquello que llena los vacíos del otro, como si camináramos juntos en la oscuridad sin encontrarnos realmente, porque en la oscuridad solo podemos imaginar al otro, amar un fantasma imaginario qué tal vez no es como la persona amada, y a su vez nos convertimos en fantasmas del deseo del otro, sin saber qué quiere de nosotros. El deseo del otro se queda en el misterio, siempre insatisfecho, siempre imposible y lejano. El deseo sólo se hace realidad actuándolo, dándole vida al fantasma.

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GOCE
El goce involucra los cuerpos, el del otro y el propio sin reducirlo a lo genital. Debemos saber que el goce que tenemos del cuerpo de la otra persona no es el mismo que la otra persona tiene del nuestro, aunque así queramos pensarlo, porque se vive diferente y se hace presente la alteridad aunque por un momento se disuelva durante el orgasmo, la separación de dos estará siempre presente, nos llamará constantemente a querer ser esa unidad y causará una respuesta u otra ante esa imposibilidad, porque el goce del otro no se puede atrapar, siempre se escapará entre los dedos.

Es así como en pareja, amamos, deseamos y gozamos, así nos mantenemos en una constante lucha por mantenernos unidos y separados, deseando ser deseados y deseando al otro, gozando y siendo gozados, así es el amor, algo muy alejado de la perfección, pero siempre efectivo a la hora de mantener unidos a dos.

Bibliografía:
*Julien, P. (2002). Dejarás a tu padre y a tu madre. México, D.F.: Siglo XXI editores.

 

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